Venecia, día 2, bajo una nueva luz

Por fin empezaba un día completo en condiciones en Venecia. Después de dormir las horas correspondientes todo se ve de otra forma. El tiempo también acompañaba, sin las nubes del día anterior. Es curioso, pronto nos dimos cuenta de que la luz era completamente distinta y que parecía que le hubieran quitado el filtro gris a las fotos. Así que volvimos a fotografiar lo que ya habíamos fotografiado el día anterior. Suerte que las cámaras ya no son de carrete. También tengo que decir que teníamos tiempo puesto que la primera parada del día era la basílica de San Marcos por dentro y antes de abrir ya había cola. Era Semana Santa y por lo visto algún tipo de misa que retrasaba el comienzo de las visitas. Nos consolábamos pensando que el día anterior habíamos visto una cola tres veces más larga. Después de casi una hora logramos entrar. La verdad es que las vistas desde lo alto de la basílica te permiten dar otra dimensión a la plaza y sobre todo al número de visitantes de Venecia. Se movían como hormigas por todas partes. Vale, no estaba tan alto como para parecer pequeños pero las colas del Campanile y la basílica se parecían a las que organizan las hormigas. Dentro de la basílica no se podían hacer fotos pero resultaba muy curioso ver todos los mosaicos con fondos dorados por absolutamente todas partes.

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Plaza de San Marcos desde la basílica.

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Campanile desde la basílica.

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Torre del reloj con una perspectiva más elevada.

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Hormigas unidas por las colas.

Este día tocaba entrar en todo lo que no habíamos entrado el día anterior y lo siguiente era el Palacio Ducal que estaba justo al lado de la basílica. Como buen Palacio era opulento. Estaba bien conservado y desde luego que el señor Duque podría darse unas buenas vueltas por sus aposentos. El oro debía estar muy de moda en la época de construcción del palacio y los sirvientes debían estar hartos de limpiar todas las salas que tiene el palacio. Menos gracia le haría a los que pasaron por las mazmorras. El puente de los suspiros unía el palacio con las mazmorras, así que ellos no lo verían de forma tan romántica.

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Patio del Palacio Ducal.

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Escalera de oro.

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Adivinad a qué hora hice la foto.

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Vistas de la costa desde el Palacio Ducal.

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Salón para poner la tele de 100 pulgadas.

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Interior del puente de los suspiros.

Al salir del Palacio Ducal ya eran las horas del mediodía así que por una parte había que pensar en comer y por otra ver el siguiente destino turístico. Por lo que vimos en los puntos de interés del mapa había un par de iglesias situadas relativamente cerca del hotel y eso era un punto a favor para poder echar la siesta después de comer. Así que estaba decidido. Por el camino teníamos otro lugar que según la guía era un “secreto”, en verdad para llegar hasta él había que entrar por callejuelas pequeñas y estaba un poco perdido así que es normal llamarlo así. Era el palacio Contarini del Bovolo. En verdad es su escalera exterior lo que destacaban, que en verdad resultaba interesante. Después seguimos descubriendo más puentecitos y calles de Venecia, cada cual con sus detalles que son encantadores. Al final del camino estaba la basílica de San Juan y San Pedro. Resultaba bastante grande para las existentes en Venecia pero quizás como punto de interés decepcionaba un poco. Nos sentamos cerca a comer, ya se sentía un poco el cansancio de la mañana de turisteo y era el momento oportuno para sentarse.

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Flores adornando un puente entre túneles.

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Distintos colores de agua entre góndolas.

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La escalera del Palacio de Palacio Contarini del Bovolo.

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Basílica de San Juan y San Pablo.

Habíamos comido pero faltaba algo importante, el postre. Y como los helados en Italia están muy buenos fuimos a por un helado. Pero yo soy un poco raro para muchas cosas y en este caso salió a relucir mi lado maniático y fui poniendo pegas a la mayoría de heladerías hasta que después de muuuuchas vueltas encontramos una heladería que tenía helados con buena pinta y sin una marabunta de gente esperando y cruzando cerca de la misma. Los helados están muy buenos en Italia, no es un tópico sin fundamento. Una vez tomado el postre y después de tanto tiempo dando vueltas era mejor tomar un descanso en el hotel.

La verdad es que ya habíamos visto todas las cosas que teníamos planeado ver, así que decidimos dar una vuelta por la parte de Venecia que todavía no habíamos visto aunque no hubiera nada en concreto que ver. Pasear por Venecia es bonito, las propias calles tienen su encanto sin tener que estar marcadas en el mapa turístico. Así que cruzamos el puente de Rialto y empezamos a pasear. Primero llegamos al borde del gran Canal para verlo con tranquilidad. Pese a los vaporettos no había mucho tráfico, supongo que el agua siempre transmite calma. Luego empezamos a callejear siguiendo las indicaciones de las casas para llegar a la estación de autobuses. Por una parte comprobábamos la posibilidad de ir con las maletas andando el último día y por otra nos perdíamos sin mirar tanto el mapa. En verdad no fue muy buena idea ya que al ir así parece que dimos más vueltas de las necesarias. De todas formas no estaba tan cerca como nos habían indicado y con maletas la cosa hubiera sido peor.

Ya era noche cuando habíamos llegado a la estación. Después de un par de días resultó raro volver a ver coches y autobuses terrestres. Casi casi lo había echado un poco de menos aunque se vive mucho mejor sin mirar a los lados ni escuchar los ruidos del tráfico terrestre, por lo hablar de sus humos. La zona no era precisamente bonita. De hecho incluso había un puente de Calatrava por allí. Sinceramente este hombre está tan sobrevalorado por las ciudades que parece increíble. Este puente volvía a ser un arco blanco pero de nuevo muy incómodo por unos escalones horribles, que no quiero imaginarme cómo pueden ser con maletas. Y de nuevo eligiendo cristal en superficies inclinadas, algo genial cuando llueve. Para volver al hotel escogimos el trayecto mirando el mapa y tardamos menos pero no diría que es un paseo corto. Por el camino intenté sacar alguna foto aunque en general salían borrosas así que no tengo mucha fotografía nocturna en condiciones, debido a la falta de iluminación, que sin embargo da un aspecto encantador a la ribera del canal por la noche.

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Gran Canal al atardecer.

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Puente de la Constitución. Construido por Calatrava por lo que seguro que lo conocen más por puente de las caídas.

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Ribera del Gran Canal de noche.

Todavía no habíamos cenado y no hay que saltarse ninguna de las comidas, no es sano. Así que decidimos cenar cerca del hotel para no tardar mucho. Dimos un par de vueltas cerca del puente de Rialto y elegimos un sitio. Creo que el cansancio también nos afectaba y queríamos sentarnos ya. El sitio tenía comida de todo el mundo. La verdad es que la comida era normalita pero estando junto al puente de Rialto literalmente las vistas al canal lo compensaba. Se acababa un día por fin completo de turismo y mis piernas lo notaban así que llegar al hotel para descansar fue una bendición. Había que prepararse para el día siguiente, todavía quedaba turismo por hacer.

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Venecia, día 1, primeras impresiones

Después de llegar a las tantas lo último que apetecía es levantarse pronto así que tardamos bastante en empezar la jornada de turismo. Estaba claro que así no merecía la pena ni plantearse entrar en ciertos sitios así que el plan de la jornada era pasear por Venecia, que según habíamos mirado podía ser interesante. El día había amanecido de color gris claro, no eran nubes de lluvia pero la luz no brillaba con toda la intensidad. Respecto a la temperatura no hacía precisamente calor pero eso no era problema, en Bilbao eso era casi un día de verano, sin lluvia se puede turistear bien. Y a eso nos pusimos mientras buscábamos una pastelería que tuviera algo dulce para desayunar. Y la verdad es que por lo que vimos a los venecianos les gustan mucho las galletas y repostería algo más seca y con frutos igual de secos pero después de unas cuantas vueltas encontramos un lugar con croissants clásicos que estaban muy buenos. En la primera toma de contacto me llamaba la atención que nunca había estado en una ciudad sin carreteras y era genial no tener que pasar carreteras o no escuchar un solo ruido de motor. Por otra parte los propios canales que estaban por todos sitios tenían un encanto especial, unido a que no parecía haber un solo edificio que desentonase en aquel entorno. Por supuesto no podía faltar en una ciudad italiana que se precie una iglesia clásica.

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Uno de los primeros canales que vimos en Venecia, pero no el último ni mucho menos.

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Iglesia de San Moisés

Después de desayunar fuimos callejeando en dirección de uno de los principales destinos turísticos dentro de la ciudad, la plaza de San Marcos. Una plaza enorme que contrastaba con la maraña de callejuelas que habíamos atravesado para llegar allí. Quizás por eso da aún mayor sensación de espacio. Los soportales albergaban cafés y restaurantes que ya estaban ocupados por los turistas que comen a una hora temprana desde el punto de vista español. Al fondo de la plaza se podía ver el imponente Campanile y la basílica de San Marcos con sus cúpulas y arcos que me recordaban más al estilo de la gran mezquita de Estambul que a una iglesia tradicional. A mi vuelta del viaje miré la foto de la gran mezquita y ya me di cuenta de que no tengo mucho ojo. A la izquierda de la basílica había un par de puntos cinematográficos dentro del mundo de Bond, James Bond. Por una parte la tienda de cristal Venini y por la otra la torre del reloj, que aparecen en la película Moonraker de Roger Moore.

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Plaza de San Marcos.

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Campanile.

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Basílica de San Marcos.

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Reloj de la torre del reloj.

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James Bond a punto de tirar al malo por el reloj de la torre en Moonraker.

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Tienda de cristal de Venini.

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Tienda de cristal de Venini vista por Roger Moore en Moonraker.

Después giramos hacia el otro lado para observar las inmensas colas que había para entrar a la basílica de San Marcos, al Campanile y al Palacio Ducal. Miramos las horas para poder hacer la cola a una hora más temprana y con menos gente y seguimos camino hacia el embarcadero. Resulta muy bonito ver todas las góndolas ahí aparcadas mecidas por las olas. Desde ahí se podía ver una especie de copia del Campanile a lo lejos y mirando hacia la derecha también se podía ver la basílica de Santa Maria della Salute. Como estaba cerca fuimos a ver el puente de los suspiros, que parecía una autopista de góndolas, es lo que generan los mitos y leyendas para turistas. Por suerte aunque había bastantes turistas no me generaba agobio, por lo que podía disfrutar de ese aire romántico que tiene Venecia y cuya fama estaba claro que estaba ganada a pulso. Después de visitar un pequeño parque del otro lado de la plaza desandamos nuestros pasos, pero sin la “Bondola” en la que se paseaba de nuevo Roger Moore en Moonraker.

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Góndolas aparcadas con la torre gemela del Campanile al fondo.

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Palacio ducal.

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Puente de los suspiros.

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“Bondola”, góndola hovercraft de James Bond en Moonraker paseando por delante del Palacio ducal.

Aprovechamos para comprar un mapa en la oficina de turismo. Y en Venecia hay que decir que es bastante necesario porque se puede convertir en un auténtico laberinto. El siguiente destino que había que buscar en el mapa era Santa Maria della Salute, ya que lo habíamos visto a lo lejos teníamos que ir. Así empezamos a subir y bajar puentes, pasear por calles más o menos estrechas y a mirar al mapa de vez en cuando para asegurarnos de seguir la ruta correcta. Es difícil a veces elegir camino pero no nos perdimos mucho. Sabíamos que había que cruzar el gran canal y ese se distingue fácilmente. Cuando lo cruzamos el puente de la academia vimos que en Venecia también se lleva el arte moderno, con una escultura gigante que cuanto menos resultaba curiosa. Igualmente curioso era ver como al torcer un par de calles te podías encontrar solo, algo que quizás por mi incomodidad entre multitudes suelo agradecer mucho al hacer turismo. Un oasis de tranquilidad que no viene mal antes de llegar hasta Santa Maria della Salute. Desde lejos impresiona más que de cerca, es un efecto sorprendente. Eran las 2 de la tarde y estaba cerrada así que era el momento perfecto para buscar un sitio para comer.

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Astronauta sobre silla al lado del gran canal.

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Santa Maria della Salute desde el puente de la academia.

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Tranquilidad en Venecia.

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Santa Maria della Salute de cerca.

A decir verdad la tranquilidad de la que había hablado antes se había visto truncada de camino a la basílica por una calle superpoblada en la que había una cola que sobresalía. Resulta que era una pizzeria para llevar. Normalmente los sitios con cola significan buena calidad o precios muy bajos así que regresamos a una hora de comida española donde ya no existía cola y pudimos comprobar con un par de raciones de pizza que en este caso se cumplían las dos características, estaban buenas y era barato. Volvimos a Santa Maria della Salute para verla por dentro. Si de cerca ya no impresionaba tanto por dentro decepcionaba un poco. La basílica era muy sencilla y se veía mucho más pequeña todavía. Pero en verdad en Venecia cualquier vistazo resultaba interesante. Después de salir podías volver a mirar hacia el Palacio ducal desde otro punto de vista igual de bonito. Pero ya no había más allá para pasear así que había que volver los pasos y seguir visitando más zonas de Venecia. Pasamos por delante de la academia de bellas artes y esta vez tocaba hacer una foto al patrimonio cultural que también tiene la ciudad.

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Interior de Santa Maria della Salute.

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Interior de la cúpula de Santa Maria della Salute

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Palacio ducal y Campanile desde la otra orilla.

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Academia de bellas artes.

El siguiente punto de interés tenia relación de nuevo con el cine, pero esta vez con Indiana Jones. La iglesia-biblioteca de Indiana Jones y la última cruzada es en realidad la Iglesia de San Barnaba. Incluso por el suelo había una tapa redonda por la que podía haber salido Junior de las alcantarillas. Y ya que estábamos por ahí visitamos el exterior de Ca’ Rezzonico, cuyos interiores servían también para partes de Moonraker pero poco destacables. A estas alturas ya eran casi las cuatro de la tarde y faltaba algo fundamental en una visita a Italia, degustar un helado italiano. Y después de descartar algún establecimiento llegamos a uno con buena pinta. Y tres bolas de helado de especialidades italianas que pedí, tiramisú, pannacotta y crema veneciana. Y estaba muy bueno, aunque el tiramisú en Italia tiene demasiado café para mi gusto. Y con un helado en la mano lo de tomar fotos no es compatible, así que esos minutos están sin documentar, pero seguimos pasando por calles venecianas, algunas con sottoportego, que son una especie de minisoportal a través del que se pasa en algunas calles al principio. Pero como se suele decir una imagen vale más que mil palabras.

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Iglesia de San Barnaba.

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Indiana Jones, Marcus y la chica de Indiana Jones y la última cruzada yendo a la “biblioteca”.

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Ca’ Rezzonico.

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Sottoportego.

Después del helado la hora de la siesta acechaba y más habiendo dormido menos de cinco horas. Así que llegamos a nuestro punto de partida cerca del hotel, el puente de Rialto. Por desgracia estaba en obras en uno de los lados y del otro los laterales estaban bastante complicados para poder obtener una foto decente pero se hizo lo que se pudo. Y por fin la siesta, de verdad que llegar a una ciudad a las 3 de la mañana y dormirse a las 5 no es lo ideal para pasar un día completo de turismo. A las 5 de la tarde ya estábamos destrozados de cansancio y sueño así que no pudimos evitar echarnos una siesta. Y al despertar de la siesta ya era de noche. Tocaba ver como la ciudad quedaba teñida por el negro del universo. Y de verdad, porque Venecia no se caracteriza por tener contaminación lumínica. Escasean las luces y eso confiere a ciertas callejuelas estrechas en un vivo recuerdo del Londres de Jack el destripador. Pero a parte de eso se agradecía poder ver el cielo con más claridad. El puente de Rialto de noche es lo primero que vimos aunque lo teníamos reciente. Pero ya que las calles pequeñas no estaban iluminadas quizás la plaza principal podía estar más decorada con luces. Y efectivamente, la plaza de San Marcos, el Campanile y el resto de la zona tenía más farolas y le daban un aspecto más romántico todavía. Además ya era tarde para los turistas habituales y al estar más vacío la paz era aún mayor. Una pena que sea más difícil sacar fotos de noche.

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Puente de Rialto de día.

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Puente de Rialto de noche.

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Plaza de San Marcos de noche.

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Soportales en la plaza de San Marcos

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Basílica de San Marcos de noche.

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Campanile de noche.

Las luces y el cielo oscuro contrastaban y el resto de objetos y edificios se debatían entre penumbra y luz. La luna estaba casi llena y no pude evitar fotografiarla, es una debilidad que mi cámara seminueva puede capturar. Curiosamente la primera foto de “mi carrete” era una foto de la luna llena en España, por lo que pude pasar de una a otra y observar un ligero giro entre las dos, entiendo que normal por la zona desde donde se saca la foto, separada por unos cuantos kilómetros. Qué bonita es la luna. Pero además de la luna había otro efecto de la naturaleza que quedaba por admirar, el “aqua alta”, que resulta ser una subida del nivel del agua que genera pequeñas inundaciones en las partes más bajas de la ciudad, como la plaza de San Marcos.

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Farol en el embarcadero.

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Plaza de San Marcos vacía.

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La luna, preciosa luna.

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Aqua alta.

Era ya bastante tarde, más allá de las once de la noche, así que teníamos que buscar algún lugar para cenar antes de que todo cerrara. Después de un par de vueltas encontramos un restaurante italiano. Vale, allí simplemente son restaurantes, pero tenía comida típica italiana, es decir, pasta y pizza. Así que como ya habíamos tomado pizza optamos por la pasta, que estaba muy buena. El lugar era tranquilo y acogedor y con bastante buen precio y buena comida. Buen lugar para acabar el día antes de dar el último paseo de vuelta al hotel para poder descansar bien en condiciones puesto que el día siguiente ya tocaba hacer turismo de forma más intensa. Primer día finalizado y Venecia no ha decepcionado en absoluto.

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Epílogo

Richard entró a la habitación de su madre acompañado de María. Según le dijeron los cuidadores llevaba en una especie de letargo desde días atrás. Coincidía con la fecha en la que Eduard Polmar murió, no le sorprendió que pudiera haberle afectado. Les pidió que le dejaran a solas con ella y accedieron. Sacó la jeringuilla y le inyectó su fórmula de probada eficacia. Su madre tardó unos segundos en reaccionar.

  • Hijo, por fin te vuelvo a ver ¡Qué alegría! Pero no sé qué me ha pasado, es como si hubiera estado dormida años…
  • Lo importante es que has vuelto.
  • ¿Y quién es esa chica que te acompaña?
  • Si Dios quiere algún día será mi esposa.

Cuando volvió a llamar a los cuidadores y les dijo que se la llevaba del centro. Richard le dejó en casa con su padre, que pareció recuperar su juventud al volver a tener a su esposa en casa. Un mes después Richard volvió para comunicarles que se iba a casar con María Geller. Ese mismo día ocurrió lo impensable. Llamaron a su puerta y al abrir se encontraron a sus dos hermanos, que estaban escuálidos y con harapos. Se fundieron en un gran abrazo. Apenas podían hablar. Richard les administró la cura por si pudiera resultar de utilidad para su mejora y parece que así fue porque fueron capaz de articular palabra.

  • No recordamos nada de los últimos tiempos. Nos despertamos un día en el bosque sin saber dónde estábamos. Andamos como pudimos hasta casa pero resulta que estábamos a días de viaje. Sin dinero ni objetos de valor nos fue muy difícil poder llegar hasta aquí. Además nos encontrábamos adormecidos y nos costaba mucho conseguir realizar cualquier acto consciente. Nos confundieron con leprosos o cosas peores pero por fin estamos aquí.
  • Y ya nadie nos va a poder separar.

De nuevo se abrazaron todos en familia, incluyendo a su miembro más reciente, María. Organizaron una gran cena para celebrar la vuelta de sus hermanos y el reciente compromiso del doctor. Las risas iban y venían. Cuando ya pasaron a las bebidas y la charla animada seguía fuera de la mesa Richard y María aprovecharon para salir un momento a ver la luna.

  • De nuevo luna llena.
  • Sí, parece mentira que ahora sonría después de lo que pasamos pero esa luna llena me recuerda el día que pudimos ser libres de verdad.
  • A mi también me recuerda el primer beso que nos dimos.
  • Doctor, creo que usted está enfermo de amor.
  • Y no quiero curarme.

Se besaron bajo la luz de la luna. El sonido de un aullido interrumpió la tierna escena.

  • Todavía no puedo evitar estremecerme con ciertos sonidos después de todo lo vivido.
  • Ahora no tienes nada que temer.
  • Pero no puedo evitar pensar que si había un Eduard Polmar puede que existan otros en otros lugares.
  • No creo que los haya y si los hay sigo teniendo el remedio infalible.
  • Pero…

De repente de unos arbustos apareció una criatura grande y rápida que saltó desde las sombras y se abalanzó sobre ellos con grandes ruidos entre los gritos de María.

  • ¡Toby!

El pequeño de los Feldman salió de entre los arbustos y cogió por el cuello a su mastín, que se había puesto a lamer al doctor Kifer. Richard y María se miraron estupefactos durante un segundo y luego comenzaron a reír. Resoplaron y volvieron a besarse mientras se abrazaban. Sabían que toda su vida continuarían inquietos interiormente por la incertidumbre de poder volver a encontrarse con un vampiro.

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Capítulo 22 – Sin salida

Instintivamente Richard miró a la ventana y vio que estaba cerrada. Así que para bien o para mal no había más escapatoria. Tenían que acabar con todo esto allí sin más dilación. Pero a veces la diplomacia hace más daño que cien espadas, así que había que agotar esa vía.

  • Señor Polmar, creo que está claro que hemos desbaratado sus planes. No tenemos intención de hacerle daño pero debe pagar por lo que hizo, si se rinde podremos llevarle ante la justicia.
  • Señor Kifer, su justicia acabaría matándome, así que me parece que no hay mucha diferencia en morir ahora o después. Pero si escapo hoy viviré para siempre. Y me temo que vosotros no sois nadie para impedirme que escape.
  • No esté usted tan seguro. Somos cuatro contra uno.
  • Uno que es inmortal y con poderes sobrehumanos.
  • Alguien que siempre acaba huyendo frente a mortales enfurecidos.
  • Son retiradas estratégicas y no dudaré en volver a escapar para recuperarme en otra parte. Ya tengo la fórmula, solo necesito volver a replicarla en un lugar más recóndito fuera de la vista de entrometidos como ustedes. Mi fallo esta vez fue volver a Surta pero no se repetirá.
  • En eso estamos de acuerdo.

Richard había sido previsor y minutos antes, justo ante de entrar en el despacho, había cogido la espada y había afilado la base de la antorcha hasta crear una estaca. En ese momento cogió la antorcha y la lanzó con fuerza al corazón del señor Polmar, que no lo había previsto. Klaus cogió la espada y la usó a modo de martillo para clavar la estaca profundamente en el cuerpo del vampiro. María hacía la señal de la santa cruz por si ayudaba. Eduard Polmar parecía más sorprendido que herido. No salía sangre de la herida. Cogió la antorcha y empezó a sacarla de su cuerpo. Ni rastro de ningún corazón, solo un agujero que le atravesaba de lado a lado. Dicho agujero empezó a cerrarse. Los cuatro estaban desconcertados. Pensaban que eso funcionaría para matarle definitivamente pero ahora no sabían qué hacer.

  • Bueno, ya hemos comprobado que una simple estaca no sirve para matarme. Una lástima por vuestra parte aunque admiro vuestro arrojo. Va a ser vuestro último acto de valentía de vuestra vida.

El señor Polmar se abalanzó sobre María pero Fred se interpuso entre ellos. Eduard Polmar clavó sus colmillos en él. Fred gritó de dolor. Había sido objeto del ataque del vampiro de nuevo. Poco a poco iba perdiendo fuerza. Klaus bajó su espada contra el monstruo, pero un cuervo entró en la habitación rompiendo la ventana para picar su mano, haciendo que tirase la espada. María lanzó una flecha con su ballesta con gran precisión, pero el señor Polmar la paró con una mano sin problema. Parecía indestructible, pero Richard tenía un último as en la manga. Cogió una dosis de su fórmula antivampiros y se la clavó al señor Polmar en el brazo que sujetaba la flecha. El que soltó un grito ahogado ahora fue el vampiro. Se volvió hacia atrás con los ojos casi saliendo de las órbitas hasta volver a sentarse en su silla del despacho. Respiraba con dificultad pero su mirada por primera vez dejó de ser fría. El cuervo que había entrado para ayudarle soltó a Klaus y salió volando por la ventana.

  • ¡Vulve! No me obedece… Pero en qué… ¿En qué me he convertido? No noto mis poderes.

La expresión de su rostro no tenía maldad pero cuanto más mortal parecía más desesperado se mostraba.

  • No puedo ser alguien normal, no puedo ser alguien con corazón o sentimientos humanos, no quiero vivir una vida triste y a merced de unas cuantas personas.
  • Quizás sea esta su verdadera salvación. Ríndase ahora y podremos intentar ayudarle.
  • ¡No necesito vuestra ayuda! No… Solo necesito algo más de fuerza, algo de aire… Todavía puede que me queden algunos de mis poderes después de todo…

Se levantó balbuceando y fue dando tumbos hasta la ventana que había roto el cuervo. Los demás le siguieron a una distancia prudencial manteniéndose en posición de alerta.

  • No haga locuras señor Polmar, ya no tiene sus poderes.
  • Todavía puedo sentir algo de fuerza en mi interior… Seguro que puedo convertirme y escapar por la ventana.
  • ¡No!

Eduard Polmar saltó por la ventana, Richard intentó agarrarle pero no llegó a tiempo. El cuerpo del vampiro cayó rápidamente los tres pisos hasta golpear duramente el suelo con un ruido seco y rotundo. Su cuerpo se veía inmóvil a la luz de la luna. Todos quedaron horrorizados pero aliviados. Con la rapidez de los acontecimientos no se dieron cuenta de que Fred había caído en el suelo. Richard acudió a socorrerle inmediatamente. No tenía apenas pulso pero no parecía estar vampirizado. De los agujeros de su cuello no brotaba más que un hilo débil de sangre. Sin duda estaba desangrado casi por completo y poco tiempo le quedaba de vida.

  • Fred, tienes que ser fuerte.
  • Doctor, los dos sabemos que no hay marcha atrás esta vez. Esta segunda vida ha sido un pequeño regalo milagroso, yo mismo acabé con mi vida, es justo que vuelva a perderla.

Fred dejó de hablar y su mirada se quedó perdida en el horizonte. Richard no pudo evitar abrazarle instintivamente después de cerrarle los ojos. Lo dejó tendido en el suelo. Sin él y todo lo que rodeó a su muerte nunca hubieran podido desenmascarar al señor Polmar y puede que una verdadera catástrofe se hubiera cernido sobre Surta, el país o quizás el mundo entero. Le debían mucho. Richard dirigió su mirada a María, que estaba justo a su padre en la ventana. El viento que entraba movía su ropa y la luna la iluminaba de una forma especial. Tenía un encanto hipnótico. Se levantó para acercarse a ella, que pese a estar con su padre no pudo evitar abrazarse a Richard. Pasaron unos segundos sin separarse hasta que Klaus hizo una de sus escasas locuciones.

  • Tenemos que irnos antes de que este castillo sea pasto de las llamas. Además quiero comprobar de verdad que el monstruo está muerto. Cogeré a Fred e iré delante.

Y así lo hizo, levantó al pobre Fred sin casi esfuerzo y se lo puso a los hombros. Pasó por la puerta. Unos pasos por detrás iban de la mano Richard y María. Antes de cruzar la puerta Richard se paró y la besó.

  • Te quiero.
  • Y yo también te quiero.

Se volvieron a besar más apasionadamente mientras se abrazaban. Fueron solo unos instantes pero fueron los más maravillosos en la vida de Richard desde mucho tiempo atrás. Siguieron a Klaus por el pasadizo y llegaron hasta el exterior. Allí estaba el cuerpo de Eduard Polmar, todavía con espasmos propios de los instantes siguientes a la muerte. El doctor Kifer se acercó para certificar su muerte. Ni pulso ni signos de vida. Por si acaso le clavó una de las flechas de la ballesta pero no hubo reacción. Le arrastró hasta el castillo. Cuando el fuego alcanzara todo el castillo su cuerpo se incineraría por completo y no quedaría más rastro de todo este horror que los recuerdos. Los tres caminaron de nuevo hacia la ciudad, bajo la extraña luz del incendio, en silencio, cada uno asimilando todavía lo que había acabado de ocurrir. María entrelazaba sus dedos en la mano del doctor Kifer, que en ese momento recordaba las palabras que le dijo una vez a Klaus sobre que haría todo lo posible por buscar remedio a los trastornos que pudiera tener su hija. Ahora estaba seguro de que no solo habían erradicado el gran mal que suponía Eduard Polmar, sino que viendo como paseaba con una sonrisa a su lado María había podido curarse y él nunca volvería a estar jamás solo.

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Capítulo 21 – Persecución

Cuando María se dio cuenta de que no estaba el señor Polmar se dirigió a Richard.

  • Tenemos que ir a por él, que no escape ese inmundo asesino.
  • No perdamos el tiempo.

Salieron rápidamente subiendo las escaleras. Pudieron ver una sombra al final de las escaleras de caracol. Había vuelto a subir al mismo piso del que habían bajado. Nada más llegar solo pudieron comprobar que había entrado a la misma habitación que antes. Instintivamente calmaron sus pasos. Conforme iban acercándose notaban más ruidos en el interior de la habitación. El señor Polmar no estaba solo en esa habitación. Quizás se había reunido con el sirviente o con alguien más que estuviera bajo su mando. Cogieron una de las antorchas que había en la pared. Tenían que abrir la puerta y sorprenderle antes de que se reorganizara y les volviera a coger ventaja. Richard abrió la puerta flanqueado por Fred y el señor Geller, con María inmediatamente detrás. Richard asomó la antorcha y lo que vieron les estremeció. No era lo que esperaban. Una multitud de ojos rojos se avistaban en el interior detrás de la figura tenebrosa del señor Polmar. Está claro que Fred y Klaus no eran los únicos a los que había resucitado.

  • Fue bonito mientras duró. Admito que no esperaba que tuviera un antídoto para mi fórmula, pero como ve tenía un plan b por si alguien volvía a intentar acabar conmigo. Son ya muchos siglos de soportar que un grupo de insignificantes humanos acabe con mi fabulosa idea de un mundo de seres superiores. No más intromisiones ni retrasos. Así que no demoro más el final. Hijos míos, no tengáis piedad de ellos.

Con un gesto Eduard Polmar ordenó el ataque de sus leales servidores y Richard cerró la puerta antes de que llegaran a ellos. Los cuatro salieron corriendo, la desventaja era evidente. Los inhumanos abrieron la puerta y les persiguieron por las escaleras abajo. Al doctor se le ocurrió una idea mientras bajaban. Cogió la ballesta que portaba Klaus y la cargó. Se dio la vuelta esperando al primero de sus perseguidores y le disparó. Volvió a cargar y siguió corriendo. Repasó mentalmente las dosis que le quedaban y los vampiros que venían detrás, no iban a bastar así que no valía la pena malgastarlas. Llegaron al gran salón y María ya estaba poniendo en práctica una idea para cortar el avance de sus perseguidores.

Cogió la gran alfombra del suelo y la acercó a la chimenea para que prendiera. Pusieron la alfombra en llamas colgando de un asta que aguantaba un estandarte. Los primeros monstruos que pasaron quedaron envueltos en llamas. Poco a poco el fuego se extendió por los tapices de las paredes y toda la estancia se convirtió en un gran horno. El olor a carne quemada inundaba todo. Las bestias que en otro tiempo fueron humanos respetables perecían sin remedio. Desde la otra parte del salón Richard, María, Klaus y Fred contemplaban la escena aliviados y temerosos a la vez. A lo lejos pudieron ver que el señor Polmar en vez de entrar en el gran salón dio media vuelta, asumiendo su derrota. No podían dejarle escapar pero el fuego se interponía entre ellos, así que con un gesto de asentimiento común decidieron marcharse del castillo antes de que fuera pasto de las llamas.

Tomaron el pasillo de la salida pero allí se encontraron al gran desaparecido hasta ahora, el sirviente Mot. Richard le cogió de la pechera para interpelarle.

  • Ahora que no tienes a tu amo cerca no ere más que un simple mortal en minoría. Así que más vale que nos ayudes si no quieres acabar mal.
  • Si me usáis contra el señor Polmar acabaré peor.
  • Creo que para ti sería peor acabar en la cárcel que morir a manos de tu señor.
  • Al menos seguiría con vida.

María perdió la paciencia y se acercó a la cara de Mot.

  • Si no nos ayudas yo misma cogeré la espada y te separaré la piel de todo el cuerpo.

Mot giró la cabeza con miedo como si fueran a degollar sin piedad.

  • Va…Vale, decidme qué necesitáis.

Richard volvió a tomar protagonismo.

  • Tu amo se ha quedado al otro lado del salón en llamas. Necesitamos llegar hasta él. ¿Hay otra forma de llegar?
  • La hay, pero solo os la diré si me dejáis marchar.
  • Llévanos al otro lado y luego te dejaremos ir.

Mot asintió y les indicó que le siguieran con un ademán. Cogió una antorcha de la pared, abrió la puerta principal y salieron detrás de él. Desde fuera se escuchaba todavía el crepitar del fuego del salón. Tenían que llegar rápido antes de que el fuego se expandiera y destrozara el castillo. Caminaban por el lateral del castillo hasta que llegaron a unos arbustos. Mot los apartó y quitó uno de los ladrillos de la pared. Metió el brazo y activó algún tipo de mecanismo que hizo abrirse una puerta. Mot les indicó que entraran pero María acercó la punta de la espada a su cuello y entendió el mensaje. Entró el  primero y con la antorcha iba iluminando el camino angosto delante de ellos. Era un pasadizo estrecho y claramente en desuso. Llegaron al comienzo de una escalera que después de unos cuantos escalones se terminaba. Mot se giró.

  • Detrás de esta puerta se encuentra el pasillo de la planta superior. Si conozco a mi amo estará en su despacho, la segunda puerta a la izquierda. Aquí se termina mi camino. Que tengan suerte o mueran rápido, no creo que vuelvan a saber de mi.
  • Ojalá pesen sobre tu conciencia todas las muertes de tu amo de las que has sido cómplice. Espero que no nos volvamos a ver.
  • Yo no maté a nadie, mi conciencia está tranquila.

María le empujó contra la pared, cogió la espada y la acercó a la antorcha hasta calentarla lo suficiente. Luego le cogió la mano y le deslizó el filo de su espada ardiente, dejándole una cicatriz en forma de cruz invertida.

  • Tus manos están manchadas de sangre, así al menos te podrán identificar con el anticristo que es tu jefe.

Mot salió huyendo a trompicones, realmente estaba atemorizado con María. Ella no había podido olvidar su mensaje amenazante y se juró a si misma que debía vengarse. Hubiera preferido llegar más lejos pero sería igual que ellos. Ahora tocaba encargarse del señor Polmar. Klaus giró la puerta secreta y tal como dijo Mot estaban en el pasillo superior. Y de igual forma la segunda puerta a la izquierda estaba abierta. Al fondo se podía ver el fulgor del fuego que venía de las plantas inferiores. No podían tardar mucho o las llamas les alcanzarían. Y la cuestión ahora es la estrategia que debían de seguir. Todos habían asumido el liderazgo del doctor Kifer sin dudarlo. María le apoyaba en cualquier decisión y en este caso no sería distinto. Pero Richard creyó necesario hablar antes de entrar.

  • El señor Polmar es uno y nosotros somos cuatro. Tendríamos que ser capaz de capturarlo pero no podemos dejarlo escapar y si hace falta tendríamos que matarle si eso es posible. ¿Os veis capaces?

El resto asintió. Todavía tenía duda de si Klaus y Fred en verdad tenían algún tipo de vínculo con la persona que les devolvió la libertad o si eran los mismos de siempre. Tendrían que esperar para comprobarlo pero no dudaba de su lealtad. En verdad no sabía lo que iba a hacer el señor Polmar estando en minoría y sin posibilidad de escapar pero tenían que estar preparados para todo. El doctor Kifer pensó varias posibilidades y cuando creyó que tenía todo suficientemente previsto entró en el despacho seguido de sus compañeros. Allí estaba Eduard Polmar sentado en una silla con aspecto de trono, delante de un escritorio señorial situado en una tarima. Tenía una expresión extraña, impasible como siempre pero más ausente de lo que debiera.

  • Buenas noches de nuevo señor Kifer.
  • Buenas noches señor Polmar.
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Capítulo 20 – Incertidumbre

La situación era desesperada y desde su situación de inferioridad solo podían intentar alargar las conversaciones. Les tenían retenidos cuando podían haberles matado y pasar a engrosar el ejército de las sombras que pretendía formar el señor Polmar, por alguna razón seguían vivos y con su voluntad intacta.

  • Sé que os estáis preguntando la razón de manteneros con vida y conciencia propia. Mis habilidades mentales no son tan eficientes pero en este caso no se necesitaba de una mente prodigiosa para leeros la mirada. No quiero ser mal anfitrión y puedo responder a vuestra curiosidad. Ante vosotros tenéis a dos personas a las que estáis unidas de manera muy diferente. Tú María, hija de Klaus, toda una vida a su lado, un amor de padre e hija, unidos por la sangre. Usted señor Kifer, atendió a Fred en sus últimos momentos y si no me equivoco fue capaz de revolver su tumba para comprobar lo que le ocurrió, sin duda el antiguo Fred le tendría por su amigo. Sí, conozco el suceso del cementerio. Poseo el don de controlar a los animales y precisamente el cementerio es un lugar que tengo vigilado diariamente.

Conforme el señor Polmar iba describiendo todo María y Richard iban perdiendo cualquier tipo de esperanza de salir de allí con vida. Sabía todo de ellos y no tenían ninguna ventaja en esos momentos.

  • Soy un científico como ya he dicho antes y mi reciente éxito con mi principal experimento necesita unas pruebas científicas que validen su uso a gran escala. Que Fred le pegara un puñetazo y que el señor Geller sujetara firmemente a su hija sin duda son buenos presagios pero no suficientes. Por eso les estoy manteniendo con vida. Voy a ordenarles que les maten. Tan simple como eso, no me importa el modo ni la rapidez, solo que os sesguen la vida. De esa forma podré comprobar que su lealtad es total y que mi control es definitivo. Además podré deshacerme de unos entrometidos como vosotros. Será curioso ver como os unís a mi pese a todos vuestros esfuerzos en vida por evitarlo.

El señor Polmar se acercó un poco más a María.

  • María, tan guapa y tan impertinente, nunca te he caído bien pero estaba enamorado de tu madre. Era tan guapa, tenía una personalidad tan magnética que podía percibirse en el ambiente a kilómetros de distancia. Hubiera sido una maravillosa compañera, hice lo posible por mantenerla con vida pero por desgracia en aquella ocasión no funcionó. Había pensado en cortejarte a ti también pero sé que nunca aceptarías voluntariamente. Cuando hayas muerto serás mi compañera.
  • Antes me corto la cabeza en vida que estar a tus órdenes.

María escupió al señor Polmar. Eduard se limpió y comenzó a sonreír para luego soltar una carcajada maléfica. Se dio la vuelta y se acercó esta vez al doctor.

  • Doctor, el buen doctor. No podía imaginar que nuestros caminos se volvieran a cruzar.

Richard se quedó perplejo. Que él supiera nunca se habían visto.

  • Sí, no es la primera vez que nos vemos señor Kifer. Fue hace ya bastante tiempo. Estabas tumbado allí en la cama en casa de tus padres. Yo estaba en la ventana, transfigurado en un pájaro. Días antes había pasado por tu casa y tu madre se convirtió en mi alimento. En ese caso ella sobrevivió como bien sabes.
  • Eres detestable, destrozas la vida de las personas. ¿Qué hiciste con mis hermanos?
  • Cierto, tus hermanos, siempre te has preguntado lo que pasó con ellos. Tu madre hizo un buen trabajo con ellos. Normalmente es más difícil que alguno de mis acólitos logre convertir a alguien más pues parece que esa capacidad se va diluyendo. Pero tu madre les volvió también inmortales. Por desgracia su voluntad era más difícil de controlar y se revelaban contra mis mandatos. Tuve que deshacerme de ellos.
  • ¡Animal!
  • Los humanos acaban con la vida de cientos de semejantes en batallas y me llamas animal a mí. Los médicos purgáis y coséis a la gente y me llamas animal a mí. Estás muy equivocado, seguro que preferirías que ahora mismo tu madre estuviera muerta a ser una vampira. Una lástima que esté bien vigilada, no merecía la pena liberarla. Y ahora menos ya que podré conseguir mucha más gente.

La mención a su madre enervó a Richard pero también le recordó un último as que guardaba en su manga. Era una posibilidad remota pero podía funcionar si tenía suerte. En la situación en la que estaban poco más podían esperar. Necesitaba algo más de tiempo y despistar al señor Polmar.

  • Es usted un demente. Puede que pueda convertir a más gente pero seguro que necesita más fuerza para poder controlarlos a todos y llegará un momento en que se escapen a su control como pasó con mis hermanos y alguno podrá acabar con usted.
  • No me haga reír señor Kifer. Ha visto lo que una flecha disparada certeramente ha hecho conmigo. ¿Qué le hace pensar que una persona puede hacer contra mí? Ya le respondo yo, nada. Soy inmortal.
  • Las mismas leyendas que cuentan sus fechorías también cuentan formas de matarle.
  • Las conozco y son falsas. Me ha visto andar a la luz del día y no tengo problema con los ajos ni con los crucifijos.
  • No ha dicho nada de las estacas en el corazón…

El señor Polmar se dio la vuelta y anduvo unos pasos. Ese era el momento perfecto para que Richard pudiera ejecutar su plan. Con sus dientes cogió una jeringuilla que tenía en el bolsillo de la camisa y se la clavó rápidamente a Fred en la pierna, empujando el émbolo con un golpe de cabeza. Fred reaccionó ligeramente girando la cabeza hacia la jeringuilla pero nada más. Parece que en su estado las condiciones mentales y físicas no funcionan a la misma velocidad. Solo quedaba esperar a que diese resultado. El señor Polmar volvió a girarse pero no pareció darse cuenta de lo ocurrido.

  • Es difícil poder saber lo que le mata a uno. El mito de la estaca no puede comprobarse hasta que alguien logre clavarme una estaca. Nadie lo ha logrado y usted no está en situación de poder hacerlo así que me temo que sea verdad o no es irrelevante. Ahora creo que ya os he regalado mucho tiempo de vida. Por favor Fred, Klaus, acabad con la vida de la señorita Geller y el señor Kifer de la forma que más os guste.

El señor Geller se giró lentamente hacia su hija, apuntándola con la ballesta. Fred hizo lo mismo con Richard, sacando la misma espada que llevaba antes. La levantó y la mantuvo unos segundos en lo alto. Su rostro pareció cambiar ligeramente. Miró a Richard a los ojos y la bajó con fuerza. Pero en vez de alcanzar su cuerpo rompió los grilletes. Rápidamente Richard cogió otra dosis y la inyectó en el padre de María. Mientras tanto Fred rompió los grilletes de María. Ya estaban libres. En un momento su suerte había cambiado por completo. Con la emoción de los acontecimientos Richard no reparó en que Eduard Polmar había desaparecido sin hacer ruido. Era lógico que sabiéndose en inferioridad huyera. Miró a María y vio como lloraba abrazado a su padre. Fred estaba de pie desorientado. Dos vidas con las que el señor Polmar había jugado sin piedad. No podían dejar que ese monstruo siguiera causando tormento a la población.

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Capítulo 19 – Revelaciones

Richard todavía no podía salir de su asombro. Acababa de examinar al señor Geller y podría jurar que estaba muerto. Intentaba buscar razonamientos lógicos según todos sus conocimientos médicos pero no los había. Solo encajaba una explicación sobrenatural. Y eso era muy malo. Si eso era verdad en esa sala estaban en minoría.

  • Padre, estás vivo, qué alegría. ¿Qué ha sucedido?
  • Es difícil de explicar, tengo la cabeza nublada. Estaba talando en el bosque y escuché unos ruidos… Y ya está, lo siguiente que recuerdo es haberme despertado aquí hace unos segundos.
  • Te veo distinto y sigues frío…

María le miraba con rostro confundido a su padre. Sí, era él, su cara, su cuerpo… Pero su voz era distinta, más fría, su abrazo era distante. No se sentía segura con él, era una sensación que nunca antes había tenido.

  • Bueno, por suerte su padre se ha podido recuperar, ahora si me disculpan tengo cosas que hacer, les acompañaré a la salida.
  • Espere un segundo señor Polmar, mi padre no es el de siempre. ¿Qué le ha hecho?
  • En vez de gratitud recibo amenazas, creo que no es nada educado por su parte.
  • ¿Para qué usa esta sala?
  • No es de su incumbencia, ahora váyanse o me veré obligado a echarles.

Mientras la señorita Geller y el señor Polmar discutían el doctor había aprovechado para alejarse un poco más e investigar por la sala. Estaba oscuro pero no tardó en tropezar con algo. Parecía un arcón. Cogió un encendedor para verlo mejor. No era un arcón, era un ataúd.

  • Doctor, su curiosidad no le va a traer nada bueno.

María cogió la ballesta y disparó al señor Polmar. La flecha se le clavó en el corazón. No se tambaleó siquiera, bajó la cabeza para mirar la flecha, cogerla con la mano y sacarla. No brotó ni una gota de sangre. Volvió a levantar la cabeza, clavando su mirada en María.

  • Ha cometido un gran error señorita Geller.

Sin inmutarse se acercó a María y le quitó la ballesta.

  • Señor Geller, por favor, mantenga a raya a su hija.

María intentó escapar pero su padre la sujetó. Parecía insensible a las patadas y puñetazos de su hija, que no logró desembarazarse. Mientras tanto el buen doctor observaba con pavor como el ataúd que tenía delante se abría. Una figura sombría se levantó y antes de que pudiera reaccionar le pegó un puñetazo que le dejó sin sentido.

  • Señor Kifer, le dije que su curiosidad no le iba a traer nada bueno. Me parece que han abusado de mi hospitalidad y han descubierto demasiadas cosas. Tuvieron su oportunidad para irse pero ahora me temo que van a ser mis invitados de honor.

La figura oscura salió del ataúd y arrastró al doctor hasta el señor Polmar. Entonces la señorita Geller fue capaz de distinguir quién era. No lo podía creer, era Fred. Su cabeza le daba vueltas sin parar hasta que no pudo evitar sucumbir al desmayo. El plan había fallado por completo. El señor Polmar mandó a Klaus y Fred llevar a María y Richard a una sala subterránea. La mazmorra era húmeda y parecía que no hubiera entrado nadie en cientos de años. El musgo crecía entre las piedras, algunas de ellas erosionadas por gotas de agua incesantes. La puerta chirrió cuando entraron con Richard y María. Les apoyaron en una de las paredes y les ataron a los grilletes que sobresalían. Permanecieron inmóviles sumidos en su sueño involuntario hasta que María abrió poco a poco los ojos. Solo podía pensar en su padre. ¿O ya no era su padre? No, su padre no podría haberle traicionado así. No había nadie más en la estancia. A su lado Richard seguía inconsciente. Le movió ligeramente para que despertara. Necesitaba más que nunca su ayuda para no volverse loca.

  • Richard, despierta.

Con dificultad Richard despertó poco a poco con un gran dolor de cabeza. Todavía no estaba ubicado y su mente no podía pensar claramente. Muchos acontecimientos desconcertantes, muchas preguntas y ninguna respuesta, muchas sospechas que esperaba que no se hicieran realidad.

  • María… ¿Estás bien?
  • Sí, pero no entiendo nada, no sé lo que le ha pasado a mi padre y no entiendo como Fred puede seguir vivo.
  • ¿Fred está vivo?
  • Fue la persona que te golpeó. O no sé si llamarlo persona, tenía un aspecto totalmente pálido, sin vida pero con la misma fuerza.
  • Doy fe de que tenía fuerza, me noqueó de un puñetazo.
  • Richard, dime que hay alguna explicación lógica para todo esto…
  • Me gustaría decirte que hay una explicación pero creo que la única explicación que encuentro no es lógica.
  • No me importa la lógica.
  • Me temo que tanto Fred como tu padre se han convertido en vampiros.
  • ¿Vampiros? No puede ser, Fred estaba muerto, tú mismo lo confirmaste.
  • Lo sé, pero los vampiros son los únicos que resisten a la muerte tal y como la conocemos. Examiné a tu padre y tenía todos y cada uno de los síntomas por los que médicos como yo firmamos defunciones. Los mismos que vi en Fred en su día.
  • ¿Y por qué nos ha traido aquí?
  • Me temo que eso no lo podremos saber hasta que venga pero tenemos que prepararnos para lo peor.

En ese preciso momento los goznes de la puerta volvieron a chillar, anunciando la llegada del señor Polmar, acompañado de Fred y Klaus Geller. María se estremeció de miedo e instintivamente se abrazó a Richard. El señor Polmar hizo un gesto y sus dos acompañantes se quedaron uno a cada lado de sus invitados involuntarios. Se les acercó a Richard y María mirándolos a cada uno con ojos fijos, con una leve mueca que podía decirse que era una sonrisa endiablada.

  • No está bien entrar en el hogar de una persona con armas. No indica la mejor de las intenciones desde luego. Además creo que he resultado un anfitrión más que aceptable. Incluso les di la posibilidad de abandonar vivos mi castillo. Me temo que han perdido dicha oportunidad.
  • ¡Monstruo! No tuviste suficiente matando a mi madre y ahora… ¿Qué le has hecho a mi padre?
  • Oh señorita, su impertinencia no conoce límites. Osas hablarme así mientras estás totalmente a mi merced. Pero para que veas que mi magnificencia no conoce límites voy a saciar tu sed de información. Por una parte creo que ya no tiene sentido que siga manteniendo oculta para ti la verdad sobre tu madre. Aunque lo sospechabas sí, fui yo quien acabó con la vida de tu madre.

María se quedó paradójicamente más aliviada, lo había sospechado siempre pero al menos ahora sabía que no tenía delirios, lo que vio era real y aunque para ella siempre había sido un hecho poseía la confirmación. Sin embargo se giró para ver la reacción de su padre pero no encontró ninguna. No lo podía creer, definitivamente no podía ser su padre. Quizás sí el aspecto físico pero nunca su carácter, se hubiera abalanzado sobre el señor Polmar sin dejar pasar un segundo.

  • No se apure señorita, sé lo que estás pensando, tu padre no ha pestañeado con la noticia. Y aquí la explicación se vuelve algo más complicada. Tengo que empezar explicando mi naturaleza intrínseca. Yo, Eduard Polmar, soy lo que se ha dado en llamar “vampiro”. Sé que el vulgo ha esparcido multitud de leyendas sobre los vampiros. Algunas son reales, otras simplemente exageraciones de la realidad y otras directamente invenciones. Es cierto que tengo la necesidad de sangre humana y fruto de dicha necesidad vienen unas cuantas muertes de diversa índole, como la de su madre. Pero lo cierto es que no es una necesidad habitual. Dependiendo de la sangre consumida puedo pasar mucho tiempo sin volver a necesitar sangre fresca. Sin embargo entiendo que esto es un problema en la convivencia y por desgracia he sufrido en multitud de ocasiones la ira de mucha gente a causa de mi necesidad.Por suerte en ocasiones mis actos no han tenido un final infeliz. Por caprichos del destino a veces la persona a la que succiono la sangre queda viva en un estado de total sumisión a mis deseos. Es el caso de su padre el efecto fue este último que comento.
  • Malnacido hijo de satanás, arderás en el infierno…
  • No creo que haya cielo ni infierno, pero no soy tan malo como crees.
  • Yo vi como Fred se tiró de un campanario por su culpa. Ha mandado al alcalde profanar su tumba para poder alimentarse de él y mata a gente para poder vivir, yo creo que es la peor ser humano del mundo.
  • A veces el concepto de ser humano creo que no resulta adecuado para alguien como yo, seguramente por mis características debiera definirme como ser no-humano o algo similar. Pero puedo explicar que no soy tan malo como creen. Como ya le comenté al doctor yo soy científico, y el hecho de que a alguna de mis víctimas les matara y otras siguieran con vida en este estado, me hizo pensar en buscar un patrón que pudiera establecer en qué casos pasaba una u otra cosa. Como químico me dediqué a investigar la composición de la sangre de mis víctimas y los cambios que sufrían los “supervivientes”. Después de muchas investigaciones parece que mis colmillos segregan una sustancia que intenta mantener viva la sangre que va entrando en mi cuerpo y que cuando es segregada en exceso genera una vida artificial como extensión de mi propia mente. Puede resultar fantasioso pero cada descubrimiento científico se toma por magia o brujería hasta que todo el mundo la sume como normal. El caso es que se me ocurrió que resultaría útil tener la certeza de controlar la voluntad de las personas a las que mataba en todas las ocasiones. Un pequeño ejército de fieles seguidores haría más fáciles las labores de recolecta de comida. Para ello hice multitud de pruebas a lo largo de los años hasta dar con un líquido que pudiera administrar para conseguir el cien por cien de efectividad. Y por fin hace no mucho di con la clave para conseguirlo, con Fred. Alguien que no tenía familia y que nadie iba a reclamar. Para mí era un experimento más para mis líquidos. Solo que en este caso funcionó. Después de que el alcalde me suministrara su cuerpo le administré mi fórmula y se obró el milagro de la ciencia. Fred revivió con la lealtad esperada. Ahora la muerte ya no significa el final de la vida, puedo elaborar más líquido de mi fórmula secreta y poder hacer un ejército. Digamos que sois los afortunados espectadores del comienzo de una nueva era.
  • No vas a salirte con la tuya, al igual que en otras ocasiones el pueblo te hará frente y acabará con tus delirios de grandeza.
  • Señor Kifer, puede que en otras ocasiones estuviera usted en lo cierto pero ya no. No habrá revueltas por los muertos porque no habrá muertos, solo personas que están a mi favor.

Por desgracia y aunque el doctor intentaba pensar en alguna solución no la encontraba. Estaban a merced del señor Polmar y su plan parecía perfecto. Nadie más salvo el posadero sabían de la condición del señor Polmar y tarde o temprano caería en sus redes. Estaban irremediablemente perdidos ellos y toda la humanidad.

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