Análisis Demoniak

En esta ocasión os voy a comentar una revisión de un juego que me facilitó amablemente Ravensburger de forma gratuita. Se llama Demoniak. La mecánica del juego es muy sencilla, se trata de formar palabras a partir de las fichas con las letras del abecedario. En este punto como nota negativa tengo que decir que no pude encontrar la letra Ñ por lo que al menos en castellano nos quita unas cuantas posibilidades. Existen unas fichas que te ponen temas sobre los que hay que poner una palabra. Por ejemplo si el tema es “Comida” se podrán poner palabras como Manzana o Chocolate. Cuantas más letras mejor. Todos los participantes pueden coger las letras que necesiten y cuando ya tienen todas las letras pulsas un típico timbre de los de los hoteles de toda la vida para poder poner la palabra. Existen también tarjetas de restricciones que amplian la variedad y dificultad del juego Hasta ahí la mecánica del juego que podéis encontrar seguramente en cualquier web.

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Caja

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Contenido del juego

En cuanto a la experiencia jugando puedo decir que es entretenida. Jugamos dos adultos y dos niños, de 8 y 12 años y aunque están ya en el mundo de las consolas y los móviles pudimos echar un buen rato jugando. El timbre les resultó especialmente divertido a los niños y un poco enervante a los adultos. Está bien que no tenga unas reglas tremendamente estrictas porque agiliza el juego. La duración de las partidas también está bien, no te eternizas ni duran demasiado poco. Tiene variedad de temas aunque alguno parece menos apropiado para niños como “Seudonimo de web de citas” o “nunca debería ser visto/a desnudo/a”, pero bueno, al final para eso están también los adultos. Por otra parte sirve para aumentar vocabulario por lo que también es educativo. La caja ocupa poco sitio por lo que está bien para llevarlo de viaje. Las restricciones no las usamos ya que a los niños les resultaba más complicado que divertido.

En resumen es un juego que está bien, es entretenido, simple y didáctico, aunque la falta de la ñ no es muy didáctico, lo podrían mejorar para las próximas ediciones.

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Viaje

En la azotea del edificio oteaba el horizonte mientras que el viento movía su pelo negro. La ciudad se alzaba delante como habitualmente, con su perfil irregular de ladrillo, cristal y hormigón. La puerta que se encontraba a unos pasos se mantenía cerrada pero unos segundos después se abrió sin su ayuda. Era la hora, respiró hondo y cruzó. Se podía esperar una escalera descendente, un ascensor o un montacargas. Quizás incluso un moderno sistema de rampa mecánica. Pero no, se encontraba en un gigantesco salón. Desconcertado miró hacia atrás pero la puerta ya no existía, solo una pared con un enorme cuadro colgado.

No había más opción que avanzar bajo los enormes techos con lamparas de araña y deslizarse sobre las baldosas de mármol blancas y negras que recordaban a un tablero de ajedrez gigante. Al final del salón se encontraba una gigantesca puerta de doble hoja. Antes de llegar con su mano la puerta se abrió. Otra vez cruzó la puerta con convicción. Esta vez se encontraba a oscuras en un sitio húmedo. Con el móvil logró alumbrar parcialmente el lugar. Una especie de catacumbas bajas con estrechas paredes era este nuevo escenario. De nuevo no pareció tener problema en avanzar por las sinuosas sendas que giraban a izquierda, derecha, arriba y abajo. Tras recorrer varios pasadizos sin ningún tipo de bifurcación se topó con una pared. Se quedó parado sin saber muy bien qué hacer. Con una mueca del que sabe que no pierde nada por intentarlo golpeó con los nudillos la pared un par de veces. Lentamente la pared se deslizó hacia la izquierda, dejando el paso libre.

De la oscuridad total pasó a la claridad infinita. Un lugar sin paredes ni suelo, sin saber si andar, volar o flotar hacia delante. Solo se veía muy al fondo una diminuta figura aparentemente humana. Andando poco a poco se iba distinguiendo mejor. Parecía una niña de pelo largo, inmóvil. Los pasos apenas reducían la distancia así que comenzó a correr con impaciencia hasta que estaba a escasos metros. Sí, era una bella y delicada niña de unos nueve años, vestida de un lila suave y con una sonrisa leve en su preciosa cara. Le recordaba tremendamente a alguien pero allí podía ser normal. Recuperando la respiración se acercó a ella para hablarle.

– ¿Quién eres tú?
– Deberías saberlo tú mejor que yo.

– Pues no lo sé, me suena tu cara pero no caigo. ¿Cómo te llamas?

– Irene.

Un escalofrío traspasó su cuerpo de una punta a la otra. Solo necesitaba una confirmación más.

– ¿Y dónde vives?
– También sabes la respuesta, vivo aquí.

Sin decir nada más empezó a desandar el camino hasta volver a la azotea. Se acercó al borde y se precipitó por ella sin temor. Adentrarse en el cuerpo de su pareja y encontrar que va a ser padre era lo último que pensaba encontrar al probar el último grito en realidad virtual.

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Venecia, día 4, despedida

5 y pico de la mañana, un sueño tremendo mezclado con un cansancio brutal generan un despertar que podría ser mejorable. Lo bueno es que era consecuencia de un viaje genial por Venecia que he contado en capítulos anteriores. El día anterior habíamos investigado el vaporetto que nos convenía por la hora de salida del vuelo. Por desgracia eso significaba coger el vaporetto en el puente de Rialto pasadas las 6 de la mañana. Y no estábamos solos, unos cuantos turistas más nos acompañaban en la espera. Bien, la compañía está bien pero cuando vi acercarse el vaporetto, de tamaño minúsculo, ya no me parecía tan bien. Ya había gente dentro y no me cuadraban las cuentas, había menos sitio que gente esperando. Empezamos a entrar y cuando llegué abajo todos los asientos estaban ocupados. La verdad es que cansado y dormido eso me alteró un poco. Por suerte el conductor abrió otra parte de la embarcación y pudimos pasar varios más. De todas formas entramos todos un poco justos y todavía quedaban paradas. No sé qué les pasaría a los que esperaban en las otras paradas pero si tenéis que coger un vaporetto al aeropuerto cogedlo con tiempo por si acaso.

Ya en el aeropuerto teníamos una hora de espera así que pasamos el control y nos quedamos sentados por ahí tranquilamente. Bueno, eso hasta que vinieron los carabinieri. Muy educadamente nos pidieron la documentación. Estuvieron un rato con los DNIs y por fin nos los devolvieron igual de amablemente. Solo habían pasado unos días desde los atentados en el aeropuerto de Bruselas y era normal que la seguridad estuviera más pendiente de todo. Nosotros teníamos más miedo de Vueling que de cualquier otra cosa. El viaje de ida fue una odisea desagradable y no queríamos más problemas. Además yo tenía que coger un tren, para el que tenía cuatro horas de margen pero que con Vueling era incluso poco visto lo visto. Al final no hubo problemas y salimos puntualmente. El viaje de vuelta siempre es más triste que la ida, pero con más recuerdos y vivencias. Y en este caso pasamos por encima de cumbres nevadas que son impresionantes desde el aire. Quién sabe si podían ser el próximo destino vacacional. Ya veremos.

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Un avión de vueling casi en hora, algo dificil de ver.

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Cumbres nevadas bajo el avión.

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Montañas nevadas, quizás el próximo viaje, ya veremos.

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Venecia, día 3, de barco en barco

Amanecía un nuevo día en Venecia. En concreto teníamos por delante el último día real de turismo, ya que el día siguiente teníamos que partir temprano. Con los dos días en Venecia nos pareció haber visto suficiente por lo que este día tocaba cambiar de aires. En las cercanías de Venecia existen una serie de islas que decidimos visitar en la medida de lo posible. Para ello nos cogimos un billete de un día para viajar en todos los vaporettos y así tener libertad de movimientos. Así que después de desayunar nos fuimos al muelle a esperar al primero de los barcos que cogeríamos a lo largo del día. Había una niebla que nos hacía temer lo peor. El día previo habíamos visto bastante niebla e incluso con alteraciones en la navegación así que teníamos razones para albergar dudas. Pero por suerte era una clásica niebla matutina que va desapareciendo conforme avanza el día. La primera isla que visitamos fue Burano. No confundir con Murano, que es otra de las islas y que es la más conocida por su famoso cristal. Burano es una isla de color, todas sus casas están pintadas con colores intensos, que por sí mismas son pintorescas pero que jalonando los canales lo son más. Burano es una isla pequeña pero aun así se puede encontrar uno curiosidades como una torre inclinada. No es Pisa pero se nota un montón la inclinación.

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No solo hay canales en Venecia, en Burano también los hay, que junto con las casas de colores crea una peculiar estampa.

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Rinconcito de Burano, con las casas de colores en su esplendor.

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Iglesia San Martino Vescovo, más concretamente tu inclinada torre.

Como he comentado la isla es pequeña así que todavía nos daba tiempo a visitar otra isla antes de comer, Mazzorbo. En verdad sobre esta isla poca información turística había y simplemente la visitamos porque quedaba de camino a Murano. Y sí, la isla solo tiene una iglesia y nada más, podíamos haberla saltado pero ya que estábamos allí había que comprobar si había algún secreto oculto.

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Iglesia de Santa Catalina, Mazzorbo.

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Soportal de la iglesia de Santa Catalina, Mazzorbo.

Y aunque corra el riesgo de repetirme nuestro siguiente destino era Murano. Esta isla ya era más grande y se notaba que la industria del vidrio da mucho de sí, con multitud de tiendas de cristal, esculturas de cristal y restaurantes para los turistas. Y eso a la hora de comer viene muy bien. Además de tener hambre mis piernas y pies ya notaban los días de turismo y cuando me tocaba subir o bajas escaleras según como hiciera el juego en la cadera veía un poco las estrellas. Sí, estoy mayor, no lo voy a negar. Después de mirar unos cuantos restaurantes y tras poner muchas pegas a muchos llegamos a un típico restaurante italiano(como casi todos en Venecia) que estaba recomendado por alguna web que ahora no recuerdo. Tuvimos que esperar un buen rato pero al final la verdad es que valió la pena. Comimos en un patio agradable y tranquilo y la pizza estaba buena. Y lo más importante el postre estaba genial. En España no podemos quejarnos de falta de postres buenos pero en Italia tampoco. Perfecta comida que además me sirvió para descansar las piernas.

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Faro de Murano.

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Iglesia de San Pedro Mártir, Murano.

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Canal en Murano.

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Cometa Di Vetro, escultura de vidrio en Murano.

Después de comer tocaba la siesta, así que cogimos otro vaporetto para volver al hotel y descansar un rato. Había que aprovechar la tarde pero tal como tenía las piernas era mejor volver a coger un vaporeto y pasear por el gran canal con tranquilidad. Así pudimos ver de verdad que el canal es una especie de autopista de seis carriles con embarcaciones por todas partes y de todo tipo, incluido una barca de bomberos. Sin haberlo calculado a propósito llegamos a la plaza de San Marco justo al atardecer, quedando una luz preciosa sobre Santa Maria della Salute. Me suele gustar visitar el lugar que más me ha gustado de una visita turística al final del viaje y la plaza de San Marco, el campanile y la vista desde esa parte hacia Santa Maria della Salute era un perfecto lugar para terminar el viaje. Por una parte estaba reventado y por otra parte estaba muy contento porque me encantaba acabar el viaje con un bonito atardecer en un lugar precioso. Antes de que se fuera la luz aprovechamos y cogimos otro vaporetto para ir por la parte exterior de la ciudad y luego volver al gran Canal hasta el punto de partida, el puente de Rialto.

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Los bomberos en el agua.

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Tráfico en el canal.

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Atardecer en el canal.

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Campanile y palacio ducal al atardecer.

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Santa Maria della Salute cayendo la tarde.

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Noche sobre Venecia desde el agua.

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Gran Canal de noche.

No era muy tarde, aproximadamente las 9 de la noche, pero el día siguiente teníamos que levantarnos antes de las 6 de la mañana así que había que pensar en cenar e ir a dormir. Y como estábamos ya cansados de pizza o pasta y queríamos comer rápido cogimos una especie de bocadillo, que comimos rápido. Ya en el hotel tocaba hacer la maleta y apenarse por terminar ya el viaje. Caí en la cama rendido, totalmente exhausto y con muchas partes de mi cuerpo doloridas pero contento por haber aprovechado y disfrutado el viaje.

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Venecia, día 2, bajo una nueva luz

Por fin empezaba un día completo en condiciones en Venecia. Después de dormir las horas correspondientes todo se ve de otra forma. El tiempo también acompañaba, sin las nubes del día anterior. Es curioso, pronto nos dimos cuenta de que la luz era completamente distinta y que parecía que le hubieran quitado el filtro gris a las fotos. Así que volvimos a fotografiar lo que ya habíamos fotografiado el día anterior. Suerte que las cámaras ya no son de carrete. También tengo que decir que teníamos tiempo puesto que la primera parada del día era la basílica de San Marcos por dentro y antes de abrir ya había cola. Era Semana Santa y por lo visto algún tipo de misa que retrasaba el comienzo de las visitas. Nos consolábamos pensando que el día anterior habíamos visto una cola tres veces más larga. Después de casi una hora logramos entrar. La verdad es que las vistas desde lo alto de la basílica te permiten dar otra dimensión a la plaza y sobre todo al número de visitantes de Venecia. Se movían como hormigas por todas partes. Vale, no estaba tan alto como para parecer pequeños pero las colas del Campanile y la basílica se parecían a las que organizan las hormigas. Dentro de la basílica no se podían hacer fotos pero resultaba muy curioso ver todos los mosaicos con fondos dorados por absolutamente todas partes.

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Plaza de San Marcos desde la basílica.

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Campanile desde la basílica.

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Torre del reloj con una perspectiva más elevada.

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Hormigas unidas por las colas.

Este día tocaba entrar en todo lo que no habíamos entrado el día anterior y lo siguiente era el Palacio Ducal que estaba justo al lado de la basílica. Como buen Palacio era opulento. Estaba bien conservado y desde luego que el señor Duque podría darse unas buenas vueltas por sus aposentos. El oro debía estar muy de moda en la época de construcción del palacio y los sirvientes debían estar hartos de limpiar todas las salas que tiene el palacio. Menos gracia le haría a los que pasaron por las mazmorras. El puente de los suspiros unía el palacio con las mazmorras, así que ellos no lo verían de forma tan romántica.

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Patio del Palacio Ducal.

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Escalera de oro.

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Adivinad a qué hora hice la foto.

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Vistas de la costa desde el Palacio Ducal.

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Salón para poner la tele de 100 pulgadas.

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Interior del puente de los suspiros.

Al salir del Palacio Ducal ya eran las horas del mediodía así que por una parte había que pensar en comer y por otra ver el siguiente destino turístico. Por lo que vimos en los puntos de interés del mapa había un par de iglesias situadas relativamente cerca del hotel y eso era un punto a favor para poder echar la siesta después de comer. Así que estaba decidido. Por el camino teníamos otro lugar que según la guía era un “secreto”, en verdad para llegar hasta él había que entrar por callejuelas pequeñas y estaba un poco perdido así que es normal llamarlo así. Era el palacio Contarini del Bovolo. En verdad es su escalera exterior lo que destacaban, que en verdad resultaba interesante. Después seguimos descubriendo más puentecitos y calles de Venecia, cada cual con sus detalles que son encantadores. Al final del camino estaba la basílica de San Juan y San Pedro. Resultaba bastante grande para las existentes en Venecia pero quizás como punto de interés decepcionaba un poco. Nos sentamos cerca a comer, ya se sentía un poco el cansancio de la mañana de turisteo y era el momento oportuno para sentarse.

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Flores adornando un puente entre túneles.

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Distintos colores de agua entre góndolas.

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La escalera del Palacio de Palacio Contarini del Bovolo.

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Basílica de San Juan y San Pablo.

Habíamos comido pero faltaba algo importante, el postre. Y como los helados en Italia están muy buenos fuimos a por un helado. Pero yo soy un poco raro para muchas cosas y en este caso salió a relucir mi lado maniático y fui poniendo pegas a la mayoría de heladerías hasta que después de muuuuchas vueltas encontramos una heladería que tenía helados con buena pinta y sin una marabunta de gente esperando y cruzando cerca de la misma. Los helados están muy buenos en Italia, no es un tópico sin fundamento. Una vez tomado el postre y después de tanto tiempo dando vueltas era mejor tomar un descanso en el hotel.

La verdad es que ya habíamos visto todas las cosas que teníamos planeado ver, así que decidimos dar una vuelta por la parte de Venecia que todavía no habíamos visto aunque no hubiera nada en concreto que ver. Pasear por Venecia es bonito, las propias calles tienen su encanto sin tener que estar marcadas en el mapa turístico. Así que cruzamos el puente de Rialto y empezamos a pasear. Primero llegamos al borde del gran Canal para verlo con tranquilidad. Pese a los vaporettos no había mucho tráfico, supongo que el agua siempre transmite calma. Luego empezamos a callejear siguiendo las indicaciones de las casas para llegar a la estación de autobuses. Por una parte comprobábamos la posibilidad de ir con las maletas andando el último día y por otra nos perdíamos sin mirar tanto el mapa. En verdad no fue muy buena idea ya que al ir así parece que dimos más vueltas de las necesarias. De todas formas no estaba tan cerca como nos habían indicado y con maletas la cosa hubiera sido peor.

Ya era noche cuando habíamos llegado a la estación. Después de un par de días resultó raro volver a ver coches y autobuses terrestres. Casi casi lo había echado un poco de menos aunque se vive mucho mejor sin mirar a los lados ni escuchar los ruidos del tráfico terrestre, por lo hablar de sus humos. La zona no era precisamente bonita. De hecho incluso había un puente de Calatrava por allí. Sinceramente este hombre está tan sobrevalorado por las ciudades que parece increíble. Este puente volvía a ser un arco blanco pero de nuevo muy incómodo por unos escalones horribles, que no quiero imaginarme cómo pueden ser con maletas. Y de nuevo eligiendo cristal en superficies inclinadas, algo genial cuando llueve. Para volver al hotel escogimos el trayecto mirando el mapa y tardamos menos pero no diría que es un paseo corto. Por el camino intenté sacar alguna foto aunque en general salían borrosas así que no tengo mucha fotografía nocturna en condiciones, debido a la falta de iluminación, que sin embargo da un aspecto encantador a la ribera del canal por la noche.

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Gran Canal al atardecer.

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Puente de la Constitución. Construido por Calatrava por lo que seguro que lo conocen más por puente de las caídas.

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Ribera del Gran Canal de noche.

Todavía no habíamos cenado y no hay que saltarse ninguna de las comidas, no es sano. Así que decidimos cenar cerca del hotel para no tardar mucho. Dimos un par de vueltas cerca del puente de Rialto y elegimos un sitio. Creo que el cansancio también nos afectaba y queríamos sentarnos ya. El sitio tenía comida de todo el mundo. La verdad es que la comida era normalita pero estando junto al puente de Rialto literalmente las vistas al canal lo compensaba. Se acababa un día por fin completo de turismo y mis piernas lo notaban así que llegar al hotel para descansar fue una bendición. Había que prepararse para el día siguiente, todavía quedaba turismo por hacer.

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Venecia, día 1, primeras impresiones

Después de llegar a las tantas lo último que apetecía es levantarse pronto así que tardamos bastante en empezar la jornada de turismo. Estaba claro que así no merecía la pena ni plantearse entrar en ciertos sitios así que el plan de la jornada era pasear por Venecia, que según habíamos mirado podía ser interesante. El día había amanecido de color gris claro, no eran nubes de lluvia pero la luz no brillaba con toda la intensidad. Respecto a la temperatura no hacía precisamente calor pero eso no era problema, en Bilbao eso era casi un día de verano, sin lluvia se puede turistear bien. Y a eso nos pusimos mientras buscábamos una pastelería que tuviera algo dulce para desayunar. Y la verdad es que por lo que vimos a los venecianos les gustan mucho las galletas y repostería algo más seca y con frutos igual de secos pero después de unas cuantas vueltas encontramos un lugar con croissants clásicos que estaban muy buenos. En la primera toma de contacto me llamaba la atención que nunca había estado en una ciudad sin carreteras y era genial no tener que pasar carreteras o no escuchar un solo ruido de motor. Por otra parte los propios canales que estaban por todos sitios tenían un encanto especial, unido a que no parecía haber un solo edificio que desentonase en aquel entorno. Por supuesto no podía faltar en una ciudad italiana que se precie una iglesia clásica.

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Uno de los primeros canales que vimos en Venecia, pero no el último ni mucho menos.

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Iglesia de San Moisés

Después de desayunar fuimos callejeando en dirección de uno de los principales destinos turísticos dentro de la ciudad, la plaza de San Marcos. Una plaza enorme que contrastaba con la maraña de callejuelas que habíamos atravesado para llegar allí. Quizás por eso da aún mayor sensación de espacio. Los soportales albergaban cafés y restaurantes que ya estaban ocupados por los turistas que comen a una hora temprana desde el punto de vista español. Al fondo de la plaza se podía ver el imponente Campanile y la basílica de San Marcos con sus cúpulas y arcos que me recordaban más al estilo de la gran mezquita de Estambul que a una iglesia tradicional. A mi vuelta del viaje miré la foto de la gran mezquita y ya me di cuenta de que no tengo mucho ojo. A la izquierda de la basílica había un par de puntos cinematográficos dentro del mundo de Bond, James Bond. Por una parte la tienda de cristal Venini y por la otra la torre del reloj, que aparecen en la película Moonraker de Roger Moore.

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Plaza de San Marcos.

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Campanile.

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Basílica de San Marcos.

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Reloj de la torre del reloj.

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James Bond a punto de tirar al malo por el reloj de la torre en Moonraker.

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Tienda de cristal de Venini.

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Tienda de cristal de Venini vista por Roger Moore en Moonraker.

Después giramos hacia el otro lado para observar las inmensas colas que había para entrar a la basílica de San Marcos, al Campanile y al Palacio Ducal. Miramos las horas para poder hacer la cola a una hora más temprana y con menos gente y seguimos camino hacia el embarcadero. Resulta muy bonito ver todas las góndolas ahí aparcadas mecidas por las olas. Desde ahí se podía ver una especie de copia del Campanile a lo lejos y mirando hacia la derecha también se podía ver la basílica de Santa Maria della Salute. Como estaba cerca fuimos a ver el puente de los suspiros, que parecía una autopista de góndolas, es lo que generan los mitos y leyendas para turistas. Por suerte aunque había bastantes turistas no me generaba agobio, por lo que podía disfrutar de ese aire romántico que tiene Venecia y cuya fama estaba claro que estaba ganada a pulso. Después de visitar un pequeño parque del otro lado de la plaza desandamos nuestros pasos, pero sin la “Bondola” en la que se paseaba de nuevo Roger Moore en Moonraker.

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Góndolas aparcadas con la torre gemela del Campanile al fondo.

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Palacio ducal.

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Puente de los suspiros.

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“Bondola”, góndola hovercraft de James Bond en Moonraker paseando por delante del Palacio ducal.

Aprovechamos para comprar un mapa en la oficina de turismo. Y en Venecia hay que decir que es bastante necesario porque se puede convertir en un auténtico laberinto. El siguiente destino que había que buscar en el mapa era Santa Maria della Salute, ya que lo habíamos visto a lo lejos teníamos que ir. Así empezamos a subir y bajar puentes, pasear por calles más o menos estrechas y a mirar al mapa de vez en cuando para asegurarnos de seguir la ruta correcta. Es difícil a veces elegir camino pero no nos perdimos mucho. Sabíamos que había que cruzar el gran canal y ese se distingue fácilmente. Cuando lo cruzamos el puente de la academia vimos que en Venecia también se lleva el arte moderno, con una escultura gigante que cuanto menos resultaba curiosa. Igualmente curioso era ver como al torcer un par de calles te podías encontrar solo, algo que quizás por mi incomodidad entre multitudes suelo agradecer mucho al hacer turismo. Un oasis de tranquilidad que no viene mal antes de llegar hasta Santa Maria della Salute. Desde lejos impresiona más que de cerca, es un efecto sorprendente. Eran las 2 de la tarde y estaba cerrada así que era el momento perfecto para buscar un sitio para comer.

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Astronauta sobre silla al lado del gran canal.

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Santa Maria della Salute desde el puente de la academia.

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Tranquilidad en Venecia.

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Santa Maria della Salute de cerca.

A decir verdad la tranquilidad de la que había hablado antes se había visto truncada de camino a la basílica por una calle superpoblada en la que había una cola que sobresalía. Resulta que era una pizzeria para llevar. Normalmente los sitios con cola significan buena calidad o precios muy bajos así que regresamos a una hora de comida española donde ya no existía cola y pudimos comprobar con un par de raciones de pizza que en este caso se cumplían las dos características, estaban buenas y era barato. Volvimos a Santa Maria della Salute para verla por dentro. Si de cerca ya no impresionaba tanto por dentro decepcionaba un poco. La basílica era muy sencilla y se veía mucho más pequeña todavía. Pero en verdad en Venecia cualquier vistazo resultaba interesante. Después de salir podías volver a mirar hacia el Palacio ducal desde otro punto de vista igual de bonito. Pero ya no había más allá para pasear así que había que volver los pasos y seguir visitando más zonas de Venecia. Pasamos por delante de la academia de bellas artes y esta vez tocaba hacer una foto al patrimonio cultural que también tiene la ciudad.

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Interior de Santa Maria della Salute.

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Interior de la cúpula de Santa Maria della Salute

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Palacio ducal y Campanile desde la otra orilla.

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Academia de bellas artes.

El siguiente punto de interés tenia relación de nuevo con el cine, pero esta vez con Indiana Jones. La iglesia-biblioteca de Indiana Jones y la última cruzada es en realidad la Iglesia de San Barnaba. Incluso por el suelo había una tapa redonda por la que podía haber salido Junior de las alcantarillas. Y ya que estábamos por ahí visitamos el exterior de Ca’ Rezzonico, cuyos interiores servían también para partes de Moonraker pero poco destacables. A estas alturas ya eran casi las cuatro de la tarde y faltaba algo fundamental en una visita a Italia, degustar un helado italiano. Y después de descartar algún establecimiento llegamos a uno con buena pinta. Y tres bolas de helado de especialidades italianas que pedí, tiramisú, pannacotta y crema veneciana. Y estaba muy bueno, aunque el tiramisú en Italia tiene demasiado café para mi gusto. Y con un helado en la mano lo de tomar fotos no es compatible, así que esos minutos están sin documentar, pero seguimos pasando por calles venecianas, algunas con sottoportego, que son una especie de minisoportal a través del que se pasa en algunas calles al principio. Pero como se suele decir una imagen vale más que mil palabras.

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Iglesia de San Barnaba.

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Indiana Jones, Marcus y la chica de Indiana Jones y la última cruzada yendo a la “biblioteca”.

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Ca’ Rezzonico.

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Sottoportego.

Después del helado la hora de la siesta acechaba y más habiendo dormido menos de cinco horas. Así que llegamos a nuestro punto de partida cerca del hotel, el puente de Rialto. Por desgracia estaba en obras en uno de los lados y del otro los laterales estaban bastante complicados para poder obtener una foto decente pero se hizo lo que se pudo. Y por fin la siesta, de verdad que llegar a una ciudad a las 3 de la mañana y dormirse a las 5 no es lo ideal para pasar un día completo de turismo. A las 5 de la tarde ya estábamos destrozados de cansancio y sueño así que no pudimos evitar echarnos una siesta. Y al despertar de la siesta ya era de noche. Tocaba ver como la ciudad quedaba teñida por el negro del universo. Y de verdad, porque Venecia no se caracteriza por tener contaminación lumínica. Escasean las luces y eso confiere a ciertas callejuelas estrechas en un vivo recuerdo del Londres de Jack el destripador. Pero a parte de eso se agradecía poder ver el cielo con más claridad. El puente de Rialto de noche es lo primero que vimos aunque lo teníamos reciente. Pero ya que las calles pequeñas no estaban iluminadas quizás la plaza principal podía estar más decorada con luces. Y efectivamente, la plaza de San Marcos, el Campanile y el resto de la zona tenía más farolas y le daban un aspecto más romántico todavía. Además ya era tarde para los turistas habituales y al estar más vacío la paz era aún mayor. Una pena que sea más difícil sacar fotos de noche.

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Puente de Rialto de día.

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Puente de Rialto de noche.

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Plaza de San Marcos de noche.

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Soportales en la plaza de San Marcos

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Basílica de San Marcos de noche.

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Campanile de noche.

Las luces y el cielo oscuro contrastaban y el resto de objetos y edificios se debatían entre penumbra y luz. La luna estaba casi llena y no pude evitar fotografiarla, es una debilidad que mi cámara seminueva puede capturar. Curiosamente la primera foto de “mi carrete” era una foto de la luna llena en España, por lo que pude pasar de una a otra y observar un ligero giro entre las dos, entiendo que normal por la zona desde donde se saca la foto, separada por unos cuantos kilómetros. Qué bonita es la luna. Pero además de la luna había otro efecto de la naturaleza que quedaba por admirar, el “aqua alta”, que resulta ser una subida del nivel del agua que genera pequeñas inundaciones en las partes más bajas de la ciudad, como la plaza de San Marcos.

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Farol en el embarcadero.

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Plaza de San Marcos vacía.

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La luna, preciosa luna.

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Aqua alta.

Era ya bastante tarde, más allá de las once de la noche, así que teníamos que buscar algún lugar para cenar antes de que todo cerrara. Después de un par de vueltas encontramos un restaurante italiano. Vale, allí simplemente son restaurantes, pero tenía comida típica italiana, es decir, pasta y pizza. Así que como ya habíamos tomado pizza optamos por la pasta, que estaba muy buena. El lugar era tranquilo y acogedor y con bastante buen precio y buena comida. Buen lugar para acabar el día antes de dar el último paseo de vuelta al hotel para poder descansar bien en condiciones puesto que el día siguiente ya tocaba hacer turismo de forma más intensa. Primer día finalizado y Venecia no ha decepcionado en absoluto.

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Epílogo

Richard entró a la habitación de su madre acompañado de María. Según le dijeron los cuidadores llevaba en una especie de letargo desde días atrás. Coincidía con la fecha en la que Eduard Polmar murió, no le sorprendió que pudiera haberle afectado. Les pidió que le dejaran a solas con ella y accedieron. Sacó la jeringuilla y le inyectó su fórmula de probada eficacia. Su madre tardó unos segundos en reaccionar.

  • Hijo, por fin te vuelvo a ver ¡Qué alegría! Pero no sé qué me ha pasado, es como si hubiera estado dormida años…
  • Lo importante es que has vuelto.
  • ¿Y quién es esa chica que te acompaña?
  • Si Dios quiere algún día será mi esposa.

Cuando volvió a llamar a los cuidadores y les dijo que se la llevaba del centro. Richard le dejó en casa con su padre, que pareció recuperar su juventud al volver a tener a su esposa en casa. Un mes después Richard volvió para comunicarles que se iba a casar con María Geller. Ese mismo día ocurrió lo impensable. Llamaron a su puerta y al abrir se encontraron a sus dos hermanos, que estaban escuálidos y con harapos. Se fundieron en un gran abrazo. Apenas podían hablar. Richard les administró la cura por si pudiera resultar de utilidad para su mejora y parece que así fue porque fueron capaz de articular palabra.

  • No recordamos nada de los últimos tiempos. Nos despertamos un día en el bosque sin saber dónde estábamos. Andamos como pudimos hasta casa pero resulta que estábamos a días de viaje. Sin dinero ni objetos de valor nos fue muy difícil poder llegar hasta aquí. Además nos encontrábamos adormecidos y nos costaba mucho conseguir realizar cualquier acto consciente. Nos confundieron con leprosos o cosas peores pero por fin estamos aquí.
  • Y ya nadie nos va a poder separar.

De nuevo se abrazaron todos en familia, incluyendo a su miembro más reciente, María. Organizaron una gran cena para celebrar la vuelta de sus hermanos y el reciente compromiso del doctor. Las risas iban y venían. Cuando ya pasaron a las bebidas y la charla animada seguía fuera de la mesa Richard y María aprovecharon para salir un momento a ver la luna.

  • De nuevo luna llena.
  • Sí, parece mentira que ahora sonría después de lo que pasamos pero esa luna llena me recuerda el día que pudimos ser libres de verdad.
  • A mi también me recuerda el primer beso que nos dimos.
  • Doctor, creo que usted está enfermo de amor.
  • Y no quiero curarme.

Se besaron bajo la luz de la luna. El sonido de un aullido interrumpió la tierna escena.

  • Todavía no puedo evitar estremecerme con ciertos sonidos después de todo lo vivido.
  • Ahora no tienes nada que temer.
  • Pero no puedo evitar pensar que si había un Eduard Polmar puede que existan otros en otros lugares.
  • No creo que los haya y si los hay sigo teniendo el remedio infalible.
  • Pero…

De repente de unos arbustos apareció una criatura grande y rápida que saltó desde las sombras y se abalanzó sobre ellos con grandes ruidos entre los gritos de María.

  • ¡Toby!

El pequeño de los Feldman salió de entre los arbustos y cogió por el cuello a su mastín, que se había puesto a lamer al doctor Kifer. Richard y María se miraron estupefactos durante un segundo y luego comenzaron a reír. Resoplaron y volvieron a besarse mientras se abrazaban. Sabían que toda su vida continuarían inquietos interiormente por la incertidumbre de poder volver a encontrarse con un vampiro.

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